miércoles, 22 de octubre de 2008

lunes, 6 de octubre de 2008

Mujer

Me gusta ser mujer… a veces. Así me presento en este blog. Durante 25 años así lo sentí. Acepté esta condición natural con cierta resignación, la construí con prejuicios y hasta la maltraté todo lo que pude en mis excesos verbales y escritos.

No me gusta tejer, no me gusta bordar, gritaba cuando cumplí 8 años y me regalaron una maquinita de coser rosa. Era importada y cosía de verdad!!! Hasta tenía lucecita. A mis amigas les encantaba y yo la odiaba. A mí no me gusta, lloraba. Desde la ventana de la habitación veía en el patio a mi hermano jugar con una 4 x 4 a control remoto. Se veía libre. Mientras yo tenía que aceptar, diplomáticamente, un juguete que odiaba. Lo mismo me pasaba con otros juguetes, como los bebotes, las tacitas y todo lo que tuviera que ver con el hogar. Yo no era una nena "marimacho". Pero no me gustaba jugar a la casita: preparar guisitos, cambiarle los pañales al bebote o servirle el té a mis amigas.

Cuando fui adolescente conservé mi postura "anti ama de casa" negándome a hacer cualquier actividad en la casa que requiriera de artefactos domésticos o algo tan sencillo como una gamuza. Yo pensaba que, de esa manera, sería una mujer que había logrado liberarse del yugo machista que la condenaba a ser una esclava del marido y los hijos varones. Yo no me voy a casar, decía con estupido fervor.

Durante mi adolescencia y mis años "sosos" abracé ciertas posturas tontas anti "lo naturalmente feminino" No quería usar tacos, ni lápiz labial, ni color rosa. Como otras posiciones, demasiado extremas, las fui abandonando. Creo que las dejé, definitivamente, en el consultorio de una psicóloga. Una gran mujer con la que tuve el placer de hacer "sillón" un par de meses. Yo despotricaba porque ya consideraba que "sin tetas no hay paraíso". En ese momento, mi sentir era que los hombres solo querían estar con mujeres tontas, sumisas, especialmente tetonas y atractivas. Que ellas se quedaban no solo con los hombres sino también con los mejores trabajos y con todas las oportunidades. No había lugar para los patitos feos, ratoncitos de biblioteca o bichitos canasto. Ella me dijo, el mundo es grande. Hay lugar para todas. Arroz con leche!, gritó. Odio esa canción, dije yo. ¿Por qué?, me preguntó. Entonces comencé a cantar…

Arroz con leche, me quiero casar con una señorita de San Nicolás, que sepa tejer, que sepa bordar… pfff un asco. Machismo puro.

Y ella siguió: que sepa abrir la puerta para ir a jugar.

No voy a olvidar la forma en que me miró cuando terminó de cantar. Yo nunca había prestado atención a la canción infantil. No se trataba del encierro de la mujer tejiendo y bordando…. También tenía que saber abrir la puerta para ir a jugar.

La interpretación es libre, me dijo. Claro que ella no dudaba que esta era una sociedad machista en la que muchos hombres querían una mujer sumisa al lado, que no pensara demasiado y que constituyera un buen adorno. Es por eso que, a veces, hasta la más inteligentes no se hacen valer. Porque si hay algo que las mujeres tenemos todas en común es que, al menos una vez, haríamos cualquier cosa por amor. Hasta hacernos las tontas y resignar carácter.

Cerrando la sesión me sentenció: "Hay lugar para todos, pero el mundo sería demasiado aburrido si nos olvidáramos de abrir la puerta para ir a jugar. Primero, amá tu libertad y tu condición, sin prejuicios, para que la amen los demás."

Creo que, desde ese día, con sudor y lágrimas sigo aprendiendo a ser mujer. Aprendí que hacer las tareas del hogar no es el camino a la servidumbre. Se pueden hacer con placer. Entendí que uno no debe sentirse bonita para alguien sino por una. Dominé el arte de los tacos con mucho más que destreza y hoy llevo vestidos, sin nada que envidiarle, a una protagonista de Sex & The City. Me sigue costando lágrimas toda esta naturaleza sensible, ovárica y ciclotímica pero como una vez me dijo un amigo: "serás feliz cuando aceptes que tu cerebro y tus piernas no tienen que vivir en contradicción".

A caminar...

martes, 2 de septiembre de 2008

¿Te puedo ayudar en algo?

Hay cosas que se hacen vicio rápido. Basta con realizar una secuencia de actos que resultan en inmediata satisfacción para que, en forma desprevenida, una descubra que tiene un nuevo hábito. En este caso, mi rutina adquirida de fin de semana es salir a correr y desayunar luego siempre en un café diferente, acompañando el desayuno con alguna delicatesen que me devuelve todas las calorías que gasté en el ejercicio físico.


El domingo pasado visitando el shopping Alto Palermo, luego de degustar en Coffee Store un café acompañado de porción de apple crumble, enfilé decidida a la librería que se encuentra en el complejo. Mi compra estaba decidida de antemano pero, particularmente, siento que en una librería es un pecado no ir a revolver y ojear (u hojear) todo lo más que se pueda. En la mencionada actividad, me sorprendió el centenar de libros de Autoayuda expuestos en las mesas de exhibición como los más vendidos. Lo más destacable es que la gran mayoría se encuentra dirigido a mujeres, solteras, profesionales o trabajadoras, de 20 a 50, pero por sobre todas las cosas SOLTERAS. Veamos:


La trampa de los manipuladores: Escrito por Gloria Husmann y Gabriela Chiale, psicóloga y socióloga, respectivamente. El libro se anuncia como una guía para detectar las formas en que muchos lobos se disfrazan para devorar caperucitas. Lo cierto es que el libro tiene mucho más contenido que el anunciado pero la frase es un gran gancho, especialmente para mujeres solteras y vulnerables que no pueden decir Basta.


Mujeres que aman demasiado: Su autor es Robin Norwood, quien a través de historias reveladoras y un programa de recuperación ayuda a las mujeres a que logren amarse así mismas y establecer una relación de pareja sana, feliz y duradera.


Quiero que me quieran: Su autora, Hilda Levy, experta en libros de autoayuda nos enseña en esta oportunidad a introducirnos en el arte del lenguaje corporal como un vehículo fundamental para establecer vínculos exitosos.


Recuerdo que siendo pequeña, cuando hacía muchas preguntas sobre un mismo tema, mi papá me decía, te voy a contar un secreto, las respuestas juegan a las escondidas en los libros, andá y encontralas. Sin duda, tenía razón. Leer es una aventura de descubrimiento. Pero la esencia de ese pensamiento es buscar lo que siempre, en alguna faceta, permanecerá oculto. Su antítesis es salir a la caza de verdades o recetas mágicas.


Por ejemplo, si una mujer se siente caperucita manipulada por el lobo feroz, es conveniente que antes de comprarse un libro de autoayuda reflexione si en otros aspectos de la vida no es también manipulable. Existen pocos y verdaderos artistas de la manipulación. Por lo general, la mayoría (hombres y mujeres) son simples oportunistas que se aprovechan de la vulnerabilidad del otro. La inseguridad femenina nos hace perder plata. Si el caso es grave, entonces a terapia. Pero acumular libros en la mesita de luz no nos hará ganar una batalla que se libra no solo contra una sociedad desigual sino también ante nuestros propios prejuicios.


Me pregunto ¿qué es una relación sana, feliz y duradera? ¿Quién define qué es sano y feliz para cada uno? ¿Por qué se opone Duración vs. Intensidad? ¿O al menos quién define que una es más feliz que la otra? Qué peligroso que alguien quiera enseñarnos a limitar un sentimiento a parámetros de normalización y ajuste.


Por último, me causó mucha pena pensar en vínculos exitosos a la hora de hablar de vínculos afectivos. La mercantilización del cariño ha llegado a las librerías. Fetichismo, cosificación y negocios. Como si las relaciones fueran posibles en ese mercado ideal que plantean los liberales, un lugar donde se encuentran individuos con intereses complementarios. Y Voilá, y laissez faire mediante, el éxito rotundo de la oferta y la demanda. Quien haya estado en una relación de cualquier tipo sabrá decir que no hay mano invisible que empuje al afortunado que anda buscando al afortunado que lo anda ofreciendo.


Esta histeriofóbica piensa que las relaciones entre hombres y mujeres, deberían ser más sabrosas y complejas, que una simple y normal coincidencia de intereses y circunstancias. Deberían ser intensas, fuertes y energizantes. Como un rico café que se disfruta despacio y por el solo y mero hecho de encontrar, quizás, alguno de los infinitos secretos que encierra su sabor.


 




jueves, 21 de agosto de 2008

Oído al pasar...

Aula 201. Sede Ramos Mejía de la Facultad de Ciencias Sociales. 21.08 hs. Esperando el comienzo de la clase práctica de un Seminario.

- ¿Viste ayer el informe de La Liga?
- Si, muy bueno… terrible esta mina Natacha Haitt… qué buena que está…
- Seee, para destrozarla…
- Te destroza ella a vos, jaja.
- Jaja si, que bueno tener una mina así… al menos una vez y hacer todo…
- Si, y bueno, décile a tu novia que se haga el flequillito (*) jaja y despertas la fantasía.
- Nooooo, che, es mi novia. No está para eso.
(*) Aclaración: Natacha Haitt usa flequillo.

El diálogo lo mantienen dos chicos que no tienen más de 25 años. Paro la oreja y escucho una conversación a la que no fui invitada. Escribo en mi cuaderno: hay cosas que nunca cambian.
La noche anterior también vi el informe de La Liga. Trataba sobre las fantasías sexuales de los argentinos. Placeres, prejuicios, pudores. La hipótesis: los medios masivos de comunicación se encuentran repletos de imágenes y relatos sexuales. A pesar de la continua exposición, esta no ayudaría a estimular sexualmente la sociedad sino que produce una ausencia de deseo.
El tratamiento de la temática tuvo tantos aciertos como desaciertos. Sin duda La Liga, como otros programas de su estilo, ha conseguido explotar bien una formula ganadora: el zapping entre entrevista intimista, mesas de debate, imágenes impactantes, opiniones de especialistas cool. La edición vertiginosa de todos estos elementos asegura que uno como espectador “se enganche”.
¿Cuál es el gran desacierto? Lo encontramos en este y otros informes. En algún momento de la construcción del relato se derrapa en el lugar común. Es destacable que existe un gran esfuerzo de producción por encontrar personajes límites, espacios novedosos, temáticas marginales, etc. No obstante, de alguna forma u otra, deviene el momento en el que se cuela el lugar común, o bien, la perspectiva más vana, repetida y previsible.
Por allí va la reflexión. Decía al comienzo: hay cosas que nunca cambian. El diálogo que escuchaba entre mis dos compañeros me recordó que en mi pueblo, escuché más de una vez decir a algún hombre que el sexo de verdad se tenía con las amantes. Con la esposa se tenía hijos y se iba a la iglesia.
Nefasto. Pero es un pensamiento que sobrevive. Alguien podría refutarme diciendo que justamente el informe de La Liga y otras exposiciones parecidas demuestran lo contrario. Podría decirse que muestran como se evidencia que nuestra sociedad habla de sexo sin tapujos, que hay muchos temas que dejaron de ser tabú, que hoy nos animamos a experimentar. Existe algo de verdad en esas proposiciones.
El problema está en cómo lo contamos. Si queremos mostrar cierto fenómeno desde una perspectiva novedosa y no remitir las mitificaciones de siempre, entonces un buen comienzo estaría en darles la voz a los personajes menos esperados.
Gran parte de la voz femenina la tomaron, por un lado, Natacha Haitt, rodeada de un grupo de chicas “hot” y una “profesex” rodeada de boluditas.
Tenemos, por un lado, a la personificación del sexo en Natacha que representa muy bien toda una cuestión muy burda de azafata de camión. Natacha estaba rodeada de chicas todas tan finas como canapé de polenta. Dirigidas por la mediática, buscaban representar algo así como “una charla de amigas”. La charla era subidita de tono, con presencia de lo escatológico y con declaraciones “jugadas”.
Por otro lado, la profesex realizaba un monólogo gracioso y genuino sobre sexo a un repertorio de chicas “bien” que se ponían coloradas y reían tontamente.
Lugar común. La zarpada habla desde el conocimiento. Es grosera y exacerbada. La chica común escucha a la profe y se sonroja.
Me pregunto: si el término medio existe, ¿por qué seguimos repitiendo el contraste de putas o santas? Si el mejor lugar para explorar las fantasías es en pareja (matrimonio, noviazgo, significant others), ¿por qué se muestra siempre la visión de los hombres y las mujeres por separado? Es cierto que tenemos necesidades y fantasías distintas pero el Deseo (con d mayúscula) es humano y universal.
La fantasía es una actividad humana natural. Es musa del Arte y la Invención. No es solo patrimonio de las amantes, las prostitutas o las chicas de la tele. No hace falta pedir permiso para fantasear y no hacen falta siliconas para hacer fantasear a un hombre.

domingo, 27 de julio de 2008

Apodicia

"Disimular es extender un velo compuesto de tinieblas honestas, del cual no se forma lo falso sino que se da un cierto descanso a lo verdadero"
"La isla del día de antes" de Umberto Eco.


La asignación de un sobrenombre o apodo es una práctica muy antigua. Cuantas obras de nuestros artistas preferidos existen escondidas bajo brillantes seudónimos. En cuanto asado con los amigos de nuestros padres nos hemos reído cuando de repente empiezan con el "te acordas que te decíamos...". Como de la muerte y de los cuernos, nadie zafa del apodo... El chat nos dio hasta la posibilidad, sin ser artistas, de ser nosotros los que saliéramos hacia la virtualidad con un apodo. Con una mascara. El nick lo lucimos con orgullo. Tal vez no lo elegimos nosotros pero es uno de esos magníficos apodos que nos pusieron y aceptamos con cariño.
Por ejemplo, en mi caso, a los 17 años fui bautizada Lelaina por un amigo, en honor al personaje que interpretaba Winona Rider en el film Reality Bites (Generación X en estas latitudes).
Lelaina es, en gran parte, Histeriofobia: el personaje. Joven veinteañera que busca en las cosas una verdad subyacente que íntimamente sabe que no existe. Eterna enamorada del chico malo, apasionada, insurrecta pero a la vez resignada, aparentemente descarada aunque definitivamente vulnerable. Lelaina no es Guada, aunque se parecen. Lelaina no por ello es mi falsa identidad pero tampoco es real. La realidad se toma un descanso. Ningún escritor es a la vez autor. Se volvería loco si estos dos fueran idénticos.
Pero Lelaina no ha sido mi único apodo. También me han dicho buzón (por ser portadora de unos labios de mulatona), tabla de planchar, lombriz, ensalada de frutas (tiene de todo menos limones). No voy a decir que estos apodos me quebraron moralmente o marcaron mi vida pero me animaría a decir que mas de una vez se me ha ocurrido faxearle mis gastos en psicólogo a los creativos que los vociferaban.
Nuestro nombre nos designa, es gran parte de nuestra identidad. De repente, ese nombre que eligieron nuestros padres con esmero, poniendo en él amor y expectativas, se desvanece para ser suplantado por un apodo que resulta de señalar exageradamente una característica física, un exceso o una carencia. Siempre digo que los apodos dicen mas de quien los ponen que de quienes los reciben. No obstante, aunque no nos designen, nos asignan discursivamente determinados atributos que prefiriríamos no fueran audibles. Conozco pocas personas que no se han sentido mal, o al menos incomodas, por haber recibido un apodo en su adolescencia o infancia.
Pero en epocas de culocracia todo cambia y parece que tener un apodo, al menos para las vedetongas, otorga cierto prestigio o, en términos más acertados, gran cantidad de horas de cámara e invaluable exposición.
Porque la "Apodicia", que nada tiene que ver con lo apodíctico (dícese de lo incodicionalmente cierto o necesariamente válido), plantea las nuevas reglas de juego de la culocracia. Hoy si no tenes un apodo, no existis. Esta semana conocimos un montón de chicas, prontas a "Patinar por un sueño", por sus apodos (paraguayita, "culo hecho", tupper) aunque todavía no son facilmente reconocibles por sus nombres. Seguramente ya lo seran por sus trastes.
La "Apodicia" nos plantea una especie de construcción de sujeto al reves. A través de su exposición, que es la publicidad del programa, conocemos a estas chicas a través de sus apodos antes de conocer sus nombres. Cuando el programa empiece las conoceremos por sus atributos físicos porque se obviaran sus rostros. Es un poco mas que lo real tomandose un descanso.... en este caso, se va de vacaciones.
Ante nosotros, el gran escenario y sus personajes. ¿Quiénes son? ¿Por qué estan allí? ¿Por qué lo consumimos? A partir de ello, ¿Quiénes somos?

martes, 22 de julio de 2008

AmigArte

(…) la unión con el grupo es la forma predominante de superar el estado de separación. Se trata de una unión en la que el ser individual desaparece en gran medida, y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño. Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado; salvado de la temible experiencia de la soledad(...)
en El arte de amar, Eric Fromm.

Desde hace varios meses tengo una cuenta en Facebook. No sé muy bien por qué me suscribí en primera instancia. Mi inconsciente tendrá sus razones para ocultarme esa información. Por el momento lo mantendremos entre él y yo (o entre ello y yo).
Una vez que puse un pie en ese particular mundo, mi casilla de mail comenzó a llenarse de “solicitudes” que clamaban “Susanita te agregó como su amiga”. Súbitamente, me sentí Roberto Carlos…
Hasta ese momento no tenía ni siquiera una foto en mi espacio. Era un no espacio. Otro pendiente. Entonces, aquellos fieles amigos y compañeros de ruta, que colaboran en mi diario trastabillar con la tecnología, me enseñaron como pertenecer. Ahora pertenezco. No entiendo muy bien algunas cosas y todavía me cuesta hacer algo tan simple como subir una foto. Pero lo importante es que pertenezco.
Una vez asegurada la pertenencia, busqué internalizarme en el millar de posibilidades de conexión que Facebook permite. Le descubrí muchas. Entre ellas, la posibilidad de conectarse con personas que se encuentran a miles de kilómetros de distancia. Por supuesto que esto ya lo permitían otras herramientas pero lo innovador se encontraría en que puedo seguir la vida de alguien a través de las fotos que sube, los comentarios que le realizan, los eventos que organiza, los regalos que da y recibe. Puedo conocer sus intereses. Claro está que conozco lo que mi “amigo” quiera revelar.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Pero la verdad de esa frase, como todas las demás verdades, es relativa. Sigo añorando la charla de café. El face to face. Los silencios, la palabra no dicha, los gestos espontáneos, esas miradas que lo dicen todo. Todo eso que no es interacción sino comunicación.
Tengo 30 amigos en My Space, 40 en Facebook, 70 contactos de MSN. Qué dichosa. Además, todos los días llegan nuevas solicitudes de adherencia o confirmación… “Macanudo quiere ser tu amigo…” Pero…
¿Está seguro Macanudo? ¿Tendrá una idea de todo lo que eso cuesta? Porque para ser amigo, de verdad Amigo, hay que ponerle “mucha onda”. Cuando digo onda digo voluntad. Como sentenció una vez una AMIGA (de letras grandes) “para cualquier tipo de relación hay que salir a trabajar con pala y pico”. Cuando leo la palabra “Amigo” en usos tan livianos, como en los discursos de espacios tales como MySpace y Facebook, aparece ante mí un cartel de advertencia.
Como siempre digo, experimentemos la tecnología al máximo. Usemos… pero no compremos discurso
No es lo mismo ser que estar. Hoy se puede ser, de las más virtuales formas. Tal vez porque el trajín de la cotidianeidad nos hace muy difícil estar. Entonces optamos por un estar más liviano. Porque estar, pero con onda, requiere paciencia, ganas, esfuerzo. Requiere tambien ese "dejar que fluya". La posibilidad de entender que no podemos controlarlo todo con botoncitos. Necesita de esa valentía que es el permitir al otro involucrarse. Difícil… pero no hace falta decirlo y hasta aquí mi reflexión, que de lo más difícil siempre surge la mejor recompensa.

Pala y pico, amigos. Pala y pico.

jueves, 3 de julio de 2008

El costo del amor

Este post se encuentra, en gran parte, dirigido al público masculino y por ello fue escrito en colaboración con un hombre a quien les presento como "El 22". Aquí van nuestras primeras reflexiones conjuntas...

Dicen que todo tiene su precio y el amor parece no escaparle a la máxima. De ello se trata este nuevo post pensado para vos, muchacho, que estas saliendo con alguien y tu billetera cada vez está más delgada.
Todo empieza en el momento en el que planeas salir con la afortunada y te das cuenta que si queres conquistarla sería más que conveniente que tires esos slip verdes con agujeritos que solo te van a llevar al desastre. Porque lo digo como mujer (y no voy a prometer que sea mi último comentario femenino). El slip verde va para atrás. Un secreto a voces: El 90 % de las mujeres preferimos los boxers. Sí, esos boxers que salen precisamente un… ojo de la cara!!!
Otra importante cuestión a tener en cuenta es la “perfumación”. En nuestra era de consumo feliz no faltan artículos en las góndolas que te aseguren el éxito con las mujeres. Ya no basta con el desodorante, ahora hay jabón, gel de ducha y algunos hasta se animan a la crema para el cuerpo. Ojo que la combinación ecléctica de estos artículos te puede dejar oliendo a mix de bon o bon con frutos rojos y “fresh mint”. Pero no importa. Todo sea para que al menos, según la regla de los tres primeros meses, ciertos olores, que el cuerpo humano inevitablemente emana, permanezcan inadvertidos.
Promediando la segunda o tercer cita empezas a mirar tu ropero con cierto desden y te preguntas: ¿Hace cuánto que no me compro buena pilcha para salir? Porque para noctambular con los pibes tenías más o menos armado el conjunto de jean gastado tiro bajo, remera vintage o sobreviviente de mil rock and rolles…ese vestuario que grita “soy reo y no me importa nada porque me sobra facha”. Pero ahora es otra cosa. Corresponde hacer una inversión. Nunca se sabe. Puede ser la mujer de tu vida. Pero, ay, ya vas sintiendo el precioso tintineo de la caja registradora.
Y si todavía vivís con tus viejos, justamente porque no te alcanza la plata para vivir solo, o bien, aún no queres llevarla a tu casa porque ese es TU espacio, tenes que recurrir al TELO. Clink, caja! Mis respetos a su creador.
En un primer momento mi hipótesis fue que cuando ya la tenes adentro (¡¡¡a la chica!!! Manga de mal pensados). Es decir, cuando lisa y llanamente, es algo así como tu novia o tu chica, los costos bajarían. Pero tal parece, según me han informado, que no es así porque si antes el resumen de la tarjeta llegaba con varias H de Hotel, ahora llega en el el detalle “Arredo”… ¿Una almohada nueva? No, el edredón que le compraste a la suegra para su cumpleaños. El regalito para la suegra…¡Pero qué divino que sos!
Y ahora que está todo más que bien, ella va ganando espacios. Entonces, aparecen ciertos detalles como asegurarte de tener margarina Light, esas galletitas de paquete verde que le gustan tanto y, por supuesto, la bebida citrus O % azúcar finamente gasificada… ¿No se dan cuenta estas chicas que la comida Light es carísima? Mis respetos al Dr. Cormillot… mis respetos.
Es que el amor (o sus derivados que van desde “buen garche” a “romance de novela”) no tiene precio. Para todo lo demás existe… ¡¡¡Basta de chivos!!!
Una amiga de la casa, otra histerofóbica, me decía: El amor tiene su costo... que suerte que lo pagan ellos.
Pero también es verdad que las mujeres hacemos nuestras pequeñas inversiones... que, sin duda, merecen otro post...

By Histeriofobica & El 22