Me gusta ser mujer… a veces. Así me presento en este blog. Durante 25 años así lo sentí. Acepté esta condición natural con cierta resignación, la construí con prejuicios y hasta la maltraté todo lo que pude en mis excesos verbales y escritos.
No me gusta tejer, no me gusta bordar, gritaba cuando cumplí 8 años y me regalaron una maquinita de coser rosa. Era importada y cosía de verdad!!! Hasta tenía lucecita. A mis amigas les encantaba y yo la odiaba. A mí no me gusta, lloraba. Desde la ventana de la habitación veía en el patio a mi hermano jugar con una 4 x 4 a control remoto. Se veía libre. Mientras yo tenía que aceptar, diplomáticamente, un juguete que odiaba. Lo mismo me pasaba con otros juguetes, como los bebotes, las tacitas y todo lo que tuviera que ver con el hogar. Yo no era una nena "marimacho". Pero no me gustaba jugar a la casita: preparar guisitos, cambiarle los pañales al bebote o servirle el té a mis amigas.
Cuando fui adolescente conservé mi postura "anti ama de casa" negándome a hacer cualquier actividad en la casa que requiriera de artefactos domésticos o algo tan sencillo como una gamuza. Yo pensaba que, de esa manera, sería una mujer que había logrado liberarse del yugo machista que la condenaba a ser una esclava del marido y los hijos varones. Yo no me voy a casar, decía con estupido fervor.
Durante mi adolescencia y mis años "sosos" abracé ciertas posturas tontas anti "lo naturalmente feminino" No quería usar tacos, ni lápiz labial, ni color rosa. Como otras posiciones, demasiado extremas, las fui abandonando. Creo que las dejé, definitivamente, en el consultorio de una psicóloga. Una gran mujer con la que tuve el placer de hacer "sillón" un par de meses. Yo despotricaba porque ya consideraba que "sin tetas no hay paraíso". En ese momento, mi sentir era que los hombres solo querían estar con mujeres tontas, sumisas, especialmente tetonas y atractivas. Que ellas se quedaban no solo con los hombres sino también con los mejores trabajos y con todas las oportunidades. No había lugar para los patitos feos, ratoncitos de biblioteca o bichitos canasto. Ella me dijo, el mundo es grande. Hay lugar para todas. Arroz con leche!, gritó. Odio esa canción, dije yo. ¿Por qué?, me preguntó. Entonces comencé a cantar…
Arroz con leche, me quiero casar con una señorita de San Nicolás, que sepa tejer, que sepa bordar… pfff un asco. Machismo puro.
Y ella siguió: que sepa abrir la puerta para ir a jugar.
No voy a olvidar la forma en que me miró cuando terminó de cantar. Yo nunca había prestado atención a la canción infantil. No se trataba del encierro de la mujer tejiendo y bordando…. También tenía que saber abrir la puerta para ir a jugar.
La interpretación es libre, me dijo. Claro que ella no dudaba que esta era una sociedad machista en la que muchos hombres querían una mujer sumisa al lado, que no pensara demasiado y que constituyera un buen adorno. Es por eso que, a veces, hasta la más inteligentes no se hacen valer. Porque si hay algo que las mujeres tenemos todas en común es que, al menos una vez, haríamos cualquier cosa por amor. Hasta hacernos las tontas y resignar carácter.
Cerrando la sesión me sentenció: "Hay lugar para todos, pero el mundo sería demasiado aburrido si nos olvidáramos de abrir la puerta para ir a jugar. Primero, amá tu libertad y tu condición, sin prejuicios, para que la amen los demás."
Creo que, desde ese día, con sudor y lágrimas sigo aprendiendo a ser mujer. Aprendí que hacer las tareas del hogar no es el camino a la servidumbre. Se pueden hacer con placer. Entendí que uno no debe sentirse bonita para alguien sino por una. Dominé el arte de los tacos con mucho más que destreza y hoy llevo vestidos, sin nada que envidiarle, a una protagonista de Sex & The City. Me sigue costando lágrimas toda esta naturaleza sensible, ovárica y ciclotímica pero como una vez me dijo un amigo: "serás feliz cuando aceptes que tu cerebro y tus piernas no tienen que vivir en contradicción".
A caminar...
1 comentario:
me encantan tus post, sabelo.
Tu mas asiduo lector....
Dr. T
Publicar un comentario