martes, 22 de julio de 2008

AmigArte

(…) la unión con el grupo es la forma predominante de superar el estado de separación. Se trata de una unión en la que el ser individual desaparece en gran medida, y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño. Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado; salvado de la temible experiencia de la soledad(...)
en El arte de amar, Eric Fromm.

Desde hace varios meses tengo una cuenta en Facebook. No sé muy bien por qué me suscribí en primera instancia. Mi inconsciente tendrá sus razones para ocultarme esa información. Por el momento lo mantendremos entre él y yo (o entre ello y yo).
Una vez que puse un pie en ese particular mundo, mi casilla de mail comenzó a llenarse de “solicitudes” que clamaban “Susanita te agregó como su amiga”. Súbitamente, me sentí Roberto Carlos…
Hasta ese momento no tenía ni siquiera una foto en mi espacio. Era un no espacio. Otro pendiente. Entonces, aquellos fieles amigos y compañeros de ruta, que colaboran en mi diario trastabillar con la tecnología, me enseñaron como pertenecer. Ahora pertenezco. No entiendo muy bien algunas cosas y todavía me cuesta hacer algo tan simple como subir una foto. Pero lo importante es que pertenezco.
Una vez asegurada la pertenencia, busqué internalizarme en el millar de posibilidades de conexión que Facebook permite. Le descubrí muchas. Entre ellas, la posibilidad de conectarse con personas que se encuentran a miles de kilómetros de distancia. Por supuesto que esto ya lo permitían otras herramientas pero lo innovador se encontraría en que puedo seguir la vida de alguien a través de las fotos que sube, los comentarios que le realizan, los eventos que organiza, los regalos que da y recibe. Puedo conocer sus intereses. Claro está que conozco lo que mi “amigo” quiera revelar.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Pero la verdad de esa frase, como todas las demás verdades, es relativa. Sigo añorando la charla de café. El face to face. Los silencios, la palabra no dicha, los gestos espontáneos, esas miradas que lo dicen todo. Todo eso que no es interacción sino comunicación.
Tengo 30 amigos en My Space, 40 en Facebook, 70 contactos de MSN. Qué dichosa. Además, todos los días llegan nuevas solicitudes de adherencia o confirmación… “Macanudo quiere ser tu amigo…” Pero…
¿Está seguro Macanudo? ¿Tendrá una idea de todo lo que eso cuesta? Porque para ser amigo, de verdad Amigo, hay que ponerle “mucha onda”. Cuando digo onda digo voluntad. Como sentenció una vez una AMIGA (de letras grandes) “para cualquier tipo de relación hay que salir a trabajar con pala y pico”. Cuando leo la palabra “Amigo” en usos tan livianos, como en los discursos de espacios tales como MySpace y Facebook, aparece ante mí un cartel de advertencia.
Como siempre digo, experimentemos la tecnología al máximo. Usemos… pero no compremos discurso
No es lo mismo ser que estar. Hoy se puede ser, de las más virtuales formas. Tal vez porque el trajín de la cotidianeidad nos hace muy difícil estar. Entonces optamos por un estar más liviano. Porque estar, pero con onda, requiere paciencia, ganas, esfuerzo. Requiere tambien ese "dejar que fluya". La posibilidad de entender que no podemos controlarlo todo con botoncitos. Necesita de esa valentía que es el permitir al otro involucrarse. Difícil… pero no hace falta decirlo y hasta aquí mi reflexión, que de lo más difícil siempre surge la mejor recompensa.

Pala y pico, amigos. Pala y pico.

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