domingo, 27 de julio de 2008

Apodicia

"Disimular es extender un velo compuesto de tinieblas honestas, del cual no se forma lo falso sino que se da un cierto descanso a lo verdadero"
"La isla del día de antes" de Umberto Eco.


La asignación de un sobrenombre o apodo es una práctica muy antigua. Cuantas obras de nuestros artistas preferidos existen escondidas bajo brillantes seudónimos. En cuanto asado con los amigos de nuestros padres nos hemos reído cuando de repente empiezan con el "te acordas que te decíamos...". Como de la muerte y de los cuernos, nadie zafa del apodo... El chat nos dio hasta la posibilidad, sin ser artistas, de ser nosotros los que saliéramos hacia la virtualidad con un apodo. Con una mascara. El nick lo lucimos con orgullo. Tal vez no lo elegimos nosotros pero es uno de esos magníficos apodos que nos pusieron y aceptamos con cariño.
Por ejemplo, en mi caso, a los 17 años fui bautizada Lelaina por un amigo, en honor al personaje que interpretaba Winona Rider en el film Reality Bites (Generación X en estas latitudes).
Lelaina es, en gran parte, Histeriofobia: el personaje. Joven veinteañera que busca en las cosas una verdad subyacente que íntimamente sabe que no existe. Eterna enamorada del chico malo, apasionada, insurrecta pero a la vez resignada, aparentemente descarada aunque definitivamente vulnerable. Lelaina no es Guada, aunque se parecen. Lelaina no por ello es mi falsa identidad pero tampoco es real. La realidad se toma un descanso. Ningún escritor es a la vez autor. Se volvería loco si estos dos fueran idénticos.
Pero Lelaina no ha sido mi único apodo. También me han dicho buzón (por ser portadora de unos labios de mulatona), tabla de planchar, lombriz, ensalada de frutas (tiene de todo menos limones). No voy a decir que estos apodos me quebraron moralmente o marcaron mi vida pero me animaría a decir que mas de una vez se me ha ocurrido faxearle mis gastos en psicólogo a los creativos que los vociferaban.
Nuestro nombre nos designa, es gran parte de nuestra identidad. De repente, ese nombre que eligieron nuestros padres con esmero, poniendo en él amor y expectativas, se desvanece para ser suplantado por un apodo que resulta de señalar exageradamente una característica física, un exceso o una carencia. Siempre digo que los apodos dicen mas de quien los ponen que de quienes los reciben. No obstante, aunque no nos designen, nos asignan discursivamente determinados atributos que prefiriríamos no fueran audibles. Conozco pocas personas que no se han sentido mal, o al menos incomodas, por haber recibido un apodo en su adolescencia o infancia.
Pero en epocas de culocracia todo cambia y parece que tener un apodo, al menos para las vedetongas, otorga cierto prestigio o, en términos más acertados, gran cantidad de horas de cámara e invaluable exposición.
Porque la "Apodicia", que nada tiene que ver con lo apodíctico (dícese de lo incodicionalmente cierto o necesariamente válido), plantea las nuevas reglas de juego de la culocracia. Hoy si no tenes un apodo, no existis. Esta semana conocimos un montón de chicas, prontas a "Patinar por un sueño", por sus apodos (paraguayita, "culo hecho", tupper) aunque todavía no son facilmente reconocibles por sus nombres. Seguramente ya lo seran por sus trastes.
La "Apodicia" nos plantea una especie de construcción de sujeto al reves. A través de su exposición, que es la publicidad del programa, conocemos a estas chicas a través de sus apodos antes de conocer sus nombres. Cuando el programa empiece las conoceremos por sus atributos físicos porque se obviaran sus rostros. Es un poco mas que lo real tomandose un descanso.... en este caso, se va de vacaciones.
Ante nosotros, el gran escenario y sus personajes. ¿Quiénes son? ¿Por qué estan allí? ¿Por qué lo consumimos? A partir de ello, ¿Quiénes somos?

martes, 22 de julio de 2008

AmigArte

(…) la unión con el grupo es la forma predominante de superar el estado de separación. Se trata de una unión en la que el ser individual desaparece en gran medida, y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño. Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado; salvado de la temible experiencia de la soledad(...)
en El arte de amar, Eric Fromm.

Desde hace varios meses tengo una cuenta en Facebook. No sé muy bien por qué me suscribí en primera instancia. Mi inconsciente tendrá sus razones para ocultarme esa información. Por el momento lo mantendremos entre él y yo (o entre ello y yo).
Una vez que puse un pie en ese particular mundo, mi casilla de mail comenzó a llenarse de “solicitudes” que clamaban “Susanita te agregó como su amiga”. Súbitamente, me sentí Roberto Carlos…
Hasta ese momento no tenía ni siquiera una foto en mi espacio. Era un no espacio. Otro pendiente. Entonces, aquellos fieles amigos y compañeros de ruta, que colaboran en mi diario trastabillar con la tecnología, me enseñaron como pertenecer. Ahora pertenezco. No entiendo muy bien algunas cosas y todavía me cuesta hacer algo tan simple como subir una foto. Pero lo importante es que pertenezco.
Una vez asegurada la pertenencia, busqué internalizarme en el millar de posibilidades de conexión que Facebook permite. Le descubrí muchas. Entre ellas, la posibilidad de conectarse con personas que se encuentran a miles de kilómetros de distancia. Por supuesto que esto ya lo permitían otras herramientas pero lo innovador se encontraría en que puedo seguir la vida de alguien a través de las fotos que sube, los comentarios que le realizan, los eventos que organiza, los regalos que da y recibe. Puedo conocer sus intereses. Claro está que conozco lo que mi “amigo” quiera revelar.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Pero la verdad de esa frase, como todas las demás verdades, es relativa. Sigo añorando la charla de café. El face to face. Los silencios, la palabra no dicha, los gestos espontáneos, esas miradas que lo dicen todo. Todo eso que no es interacción sino comunicación.
Tengo 30 amigos en My Space, 40 en Facebook, 70 contactos de MSN. Qué dichosa. Además, todos los días llegan nuevas solicitudes de adherencia o confirmación… “Macanudo quiere ser tu amigo…” Pero…
¿Está seguro Macanudo? ¿Tendrá una idea de todo lo que eso cuesta? Porque para ser amigo, de verdad Amigo, hay que ponerle “mucha onda”. Cuando digo onda digo voluntad. Como sentenció una vez una AMIGA (de letras grandes) “para cualquier tipo de relación hay que salir a trabajar con pala y pico”. Cuando leo la palabra “Amigo” en usos tan livianos, como en los discursos de espacios tales como MySpace y Facebook, aparece ante mí un cartel de advertencia.
Como siempre digo, experimentemos la tecnología al máximo. Usemos… pero no compremos discurso
No es lo mismo ser que estar. Hoy se puede ser, de las más virtuales formas. Tal vez porque el trajín de la cotidianeidad nos hace muy difícil estar. Entonces optamos por un estar más liviano. Porque estar, pero con onda, requiere paciencia, ganas, esfuerzo. Requiere tambien ese "dejar que fluya". La posibilidad de entender que no podemos controlarlo todo con botoncitos. Necesita de esa valentía que es el permitir al otro involucrarse. Difícil… pero no hace falta decirlo y hasta aquí mi reflexión, que de lo más difícil siempre surge la mejor recompensa.

Pala y pico, amigos. Pala y pico.

jueves, 3 de julio de 2008

El costo del amor

Este post se encuentra, en gran parte, dirigido al público masculino y por ello fue escrito en colaboración con un hombre a quien les presento como "El 22". Aquí van nuestras primeras reflexiones conjuntas...

Dicen que todo tiene su precio y el amor parece no escaparle a la máxima. De ello se trata este nuevo post pensado para vos, muchacho, que estas saliendo con alguien y tu billetera cada vez está más delgada.
Todo empieza en el momento en el que planeas salir con la afortunada y te das cuenta que si queres conquistarla sería más que conveniente que tires esos slip verdes con agujeritos que solo te van a llevar al desastre. Porque lo digo como mujer (y no voy a prometer que sea mi último comentario femenino). El slip verde va para atrás. Un secreto a voces: El 90 % de las mujeres preferimos los boxers. Sí, esos boxers que salen precisamente un… ojo de la cara!!!
Otra importante cuestión a tener en cuenta es la “perfumación”. En nuestra era de consumo feliz no faltan artículos en las góndolas que te aseguren el éxito con las mujeres. Ya no basta con el desodorante, ahora hay jabón, gel de ducha y algunos hasta se animan a la crema para el cuerpo. Ojo que la combinación ecléctica de estos artículos te puede dejar oliendo a mix de bon o bon con frutos rojos y “fresh mint”. Pero no importa. Todo sea para que al menos, según la regla de los tres primeros meses, ciertos olores, que el cuerpo humano inevitablemente emana, permanezcan inadvertidos.
Promediando la segunda o tercer cita empezas a mirar tu ropero con cierto desden y te preguntas: ¿Hace cuánto que no me compro buena pilcha para salir? Porque para noctambular con los pibes tenías más o menos armado el conjunto de jean gastado tiro bajo, remera vintage o sobreviviente de mil rock and rolles…ese vestuario que grita “soy reo y no me importa nada porque me sobra facha”. Pero ahora es otra cosa. Corresponde hacer una inversión. Nunca se sabe. Puede ser la mujer de tu vida. Pero, ay, ya vas sintiendo el precioso tintineo de la caja registradora.
Y si todavía vivís con tus viejos, justamente porque no te alcanza la plata para vivir solo, o bien, aún no queres llevarla a tu casa porque ese es TU espacio, tenes que recurrir al TELO. Clink, caja! Mis respetos a su creador.
En un primer momento mi hipótesis fue que cuando ya la tenes adentro (¡¡¡a la chica!!! Manga de mal pensados). Es decir, cuando lisa y llanamente, es algo así como tu novia o tu chica, los costos bajarían. Pero tal parece, según me han informado, que no es así porque si antes el resumen de la tarjeta llegaba con varias H de Hotel, ahora llega en el el detalle “Arredo”… ¿Una almohada nueva? No, el edredón que le compraste a la suegra para su cumpleaños. El regalito para la suegra…¡Pero qué divino que sos!
Y ahora que está todo más que bien, ella va ganando espacios. Entonces, aparecen ciertos detalles como asegurarte de tener margarina Light, esas galletitas de paquete verde que le gustan tanto y, por supuesto, la bebida citrus O % azúcar finamente gasificada… ¿No se dan cuenta estas chicas que la comida Light es carísima? Mis respetos al Dr. Cormillot… mis respetos.
Es que el amor (o sus derivados que van desde “buen garche” a “romance de novela”) no tiene precio. Para todo lo demás existe… ¡¡¡Basta de chivos!!!
Una amiga de la casa, otra histerofóbica, me decía: El amor tiene su costo... que suerte que lo pagan ellos.
Pero también es verdad que las mujeres hacemos nuestras pequeñas inversiones... que, sin duda, merecen otro post...

By Histeriofobica & El 22