domingo, 20 de abril de 2008

Agua que no has de beber, hácela hielo para el Fernet

Lo primero que una mujer debe asumir cuando se encuentra inmersa en ese complicado universo que son las citas es que no siempre el “Candidato” será el Príncipe Azul.

Ahora bien, no se trata de descartar, de antemano, la existencia del Príncipe Azul. No obstante, es preciso asumir que, si bien puede ocurrir que lo hallemos, es probable que lo encontremos ya algo desteñido. Entonces, la propuesta no es abandonar el romanticismo pero resulta casi imprescindible que bajemos, no las exigencias, pero si las EXPECTATIVAS.

Te lo digo a vos, que cada vez que una amiga te quiere presentar a un amigo, sacas el Check List y le arrojas a la propuesta un interminable cuestionario: ¿Trabaja? ¿Ya se recibió? ¿De qué? ¿Convivió? ¿Hace cuánto que terminó su anterior relación? ¿Tiene todas las vacunas?

Vos, nena, que recién estas en tus veintitantos, ni terminaste la carrera y exigís que el pibe sea próspero. ¿En qué país vivís? Vas a tener que darle más chances para que se convierta en un buen partido. Porque el contexto no ayuda demasiado.

Un consejo. Andá y SÉNTATE. Frente al candidato, por supuesto. Olvídate de los prejuicios. Las citas son, en definitiva, una forma de sumar horas de vuelo. Y me vas a decir: "Ya estoy cansada de sumarlas. Ya puedo pilotear aviones de la NASA con todas las que sumé”. Te creo pero te aseguro que si algún día encontras al desteñido, sin haberte sentado lo suficiente, puede que, pasados los años, te preguntes que hubiese sido si....

Ese chico o esos varios, que hoy rellenan tu agenda, tal vez no sean agua del manantial del que vas a tomar toda tu vida. Pero no por ello dejes de tener en cuenta que el agua no es solo para beberla. Es multiuso.

Te lo digo también a vos, que ya lo estas conociendo, que ya te sentaste un par de veces (frente a este chico, por supuesto), y no sabes si él es para vos. Abro paréntesis y te cuento que él no es para vos ni para ninguna sino que le pertenece a sus amigos, el equipo de sus amores, los canelones de su vieja, su auto, su banda o todos sus proyectos que son de él y no van a ser nunca tuyos… POR SUERTE!!! Porque afortunadamente, abro otro paréntesis, vos tampoco tenes la obligación de compartir todo con él.

O bien, a vos, que tenés miedo de enamorarte te digo ANÍMATE. Andá, conócelo, experimentá, observá, SÉNTATE. Dejá que te sorprenda.

¿Qué es lo peor que te puede pasar? Que de un día para el otro te diga que no puede salir más con vos (porque no es que no quiere, no puede). Si, es grave. Y sí le habías puesto fichas, vas a enfriar un millón de tes con tus lágrimas y mocos. Pero, te aseguro (y te lo firmo) TODO PASA. De inmediato, tendrás a todos tus amigos que van a acudir a levantar, con cucharita, tu corazón hecho añicos.

Una cosa más. Recordá que es el corazón lo único más propenso a romperse gravemente. En general, el resto de tus órganos vítales quedan medianamente intactos así que vas a poder recuperar tu sonrisa más rápido de lo que vos pensabas.

miércoles, 9 de abril de 2008

El mensaje

Todo comienza cuándo le envias un inocente mensaje. Porque vos, nena, necesitas saber cómo está. Y estas en tu derecho porque es la pregunta más fácil del mundo. Seamos honestos, ¿cuánto puede tardar, el muy condenado, en contestar a tan claro mensaje? Es una respuesta sencilla, no es la solución de un teorema. Es “bien”, “mal”, “más o menos”. Pasan dos horas. No contesta. Los siguientes estadíos podrían describir tu situación.

1º Tsunami de interrogantes. Comenzas a preguntarte: ¿Le habrá llegado? ¿Tendrá crédito? ¿Habrá entendido lo que le pregunté? ¿Se habrá quedado sin batería? ¿Y si le robaron el celular? ¿Puede ocurrir que la red transforme mi mensaje en jeroglíficos? ¿Mi mensaje se encuentra perdido en una realidad paralela? ¿¿¿La isla de Lost existe???
Resolución del estadío: “Y bueno, se lo mando otra vez”

2º Relación compulsiva con el dispositivo tecnológico. Porque quizás el inconveniente no es de su teléfono sino del tuyo. Entonces, lo empezas a mirar con cierta aprehensión, casi se podría decir que hasta con odio. Lo revisas. Lo prendes, lo apagas. Le sacas la batería. Se la volves a poner. Lo revisas otra vez. Ingresas al buzón de mensajes porque tal vez te contestó y no te diste cuenta. Claro, no hay nada. Lo llevas al baño, envuelto entre toallas cuando te duchas, a almorzar. Y cada cinco minutos volves a revisar.
Resolución del estadío: Estas hace tres horas con la misma hoja del apunte de la facu o leyendo ese mail, que te mandó tu jefe, por la 534 vez. Es hora de tomar una decisión. Guardas el celular en la cartera, o bien, lo apagas. Y, por supuesto, lo prendes cada veinte minutos.

3º Psicopateo. Llegas a la conclusión de que el problema no es tecnológico. El problema es que no le gustas más. ¿Cómo no viste las señales? Fue evidente el otro día cuando te encontraste con él que las cosas no estaban bien. Es que la onda de ese bar en el que estuvieron no ayudaba. Otra vez los interrogantes. ¿Conoció a otra? ¿Finalmente Cameron Díaz le dio pelota? ¿Fue acaso ese comentario que hice sobre mis padres? ¿No me puse la ropa interior adecuada? ¿Mencionarle cuál sería mi nombre preferido para un hijo varón fue demasiado? ¿No le gustará mi perfume? ¿¿¿La isla de Lost existe???
Resolución del estadío. Llamas a tus amigas llorando para notificarles que todo terminó. Estas de duelo. La mitad de tus amigas (las que están casadas, en pareja, noviando, o bien, son las típicas traidoras al género que abogan por el amor libre) te dicen que sos una boluda. Y agregan que si él desaparece es porque no valía la pena. ¿¿¿Y ellas que saben??? No entienden nada. ¡¡¡Vos lo querías a él!!! La otra mitad de tus amigas, que comparten tu patética situación y están sentadas desde hace tres horas esperando sus propios mensajes, se compadecen de tu situación.

4º Síndrome del movimiento espiralado. Entre todas vuelven a reformularse las preguntas del punto 1. Además, buscan el manual del celular para corroborar si es que dice algo sobre qué hacer cuando el pibe que te gusta no te llama.
Resolución del estadío: Finalmente una de tus amigas (la que está más sola que Kung Fu) va a tu casa y se compran dos kilos de helados. Juntas lloran al finado. No lo podes creer. Otra vez volver a empezar. ¿Cuántos tipos más vas a tener que conocer para poder usar ese vestido blanco que soñas desde que aprendiste a decir CASAMIENTO? Encima con todo el helado que estas comiendo, vas a terminar hecha una lechona.

4º Conmoción. Después de seis horas te escribe. No lo podes creer. ¿Y ahora? Otra vez los interrogantes: ¿Me hago la difícil? ¿Le contesto mañana? ¿Espero media hora para que no piense que estoy desesperada? ¿No le contesto y espero que me llame para disculparse? ¿Le pido disculpas por molestarlo? ¿¿¿Lo llamo??? ¿¿¿La isla de Lost existe???
Resolución del estadío: Le respondes en el acto, obviamente. Porque… mirá si se enoja o piensa que no estas interesada.

En esas discusiones de amigas y altas en carbohidratos se sacan conclusiones apresuradas. El problema sin duda no son los dispositivos. Dificultades técnicas hubo siempre.

Entonces, ¿Cuál es el problema?

(Más detalles en la próxima entrega)