martes, 2 de septiembre de 2008

¿Te puedo ayudar en algo?

Hay cosas que se hacen vicio rápido. Basta con realizar una secuencia de actos que resultan en inmediata satisfacción para que, en forma desprevenida, una descubra que tiene un nuevo hábito. En este caso, mi rutina adquirida de fin de semana es salir a correr y desayunar luego siempre en un café diferente, acompañando el desayuno con alguna delicatesen que me devuelve todas las calorías que gasté en el ejercicio físico.


El domingo pasado visitando el shopping Alto Palermo, luego de degustar en Coffee Store un café acompañado de porción de apple crumble, enfilé decidida a la librería que se encuentra en el complejo. Mi compra estaba decidida de antemano pero, particularmente, siento que en una librería es un pecado no ir a revolver y ojear (u hojear) todo lo más que se pueda. En la mencionada actividad, me sorprendió el centenar de libros de Autoayuda expuestos en las mesas de exhibición como los más vendidos. Lo más destacable es que la gran mayoría se encuentra dirigido a mujeres, solteras, profesionales o trabajadoras, de 20 a 50, pero por sobre todas las cosas SOLTERAS. Veamos:


La trampa de los manipuladores: Escrito por Gloria Husmann y Gabriela Chiale, psicóloga y socióloga, respectivamente. El libro se anuncia como una guía para detectar las formas en que muchos lobos se disfrazan para devorar caperucitas. Lo cierto es que el libro tiene mucho más contenido que el anunciado pero la frase es un gran gancho, especialmente para mujeres solteras y vulnerables que no pueden decir Basta.


Mujeres que aman demasiado: Su autor es Robin Norwood, quien a través de historias reveladoras y un programa de recuperación ayuda a las mujeres a que logren amarse así mismas y establecer una relación de pareja sana, feliz y duradera.


Quiero que me quieran: Su autora, Hilda Levy, experta en libros de autoayuda nos enseña en esta oportunidad a introducirnos en el arte del lenguaje corporal como un vehículo fundamental para establecer vínculos exitosos.


Recuerdo que siendo pequeña, cuando hacía muchas preguntas sobre un mismo tema, mi papá me decía, te voy a contar un secreto, las respuestas juegan a las escondidas en los libros, andá y encontralas. Sin duda, tenía razón. Leer es una aventura de descubrimiento. Pero la esencia de ese pensamiento es buscar lo que siempre, en alguna faceta, permanecerá oculto. Su antítesis es salir a la caza de verdades o recetas mágicas.


Por ejemplo, si una mujer se siente caperucita manipulada por el lobo feroz, es conveniente que antes de comprarse un libro de autoayuda reflexione si en otros aspectos de la vida no es también manipulable. Existen pocos y verdaderos artistas de la manipulación. Por lo general, la mayoría (hombres y mujeres) son simples oportunistas que se aprovechan de la vulnerabilidad del otro. La inseguridad femenina nos hace perder plata. Si el caso es grave, entonces a terapia. Pero acumular libros en la mesita de luz no nos hará ganar una batalla que se libra no solo contra una sociedad desigual sino también ante nuestros propios prejuicios.


Me pregunto ¿qué es una relación sana, feliz y duradera? ¿Quién define qué es sano y feliz para cada uno? ¿Por qué se opone Duración vs. Intensidad? ¿O al menos quién define que una es más feliz que la otra? Qué peligroso que alguien quiera enseñarnos a limitar un sentimiento a parámetros de normalización y ajuste.


Por último, me causó mucha pena pensar en vínculos exitosos a la hora de hablar de vínculos afectivos. La mercantilización del cariño ha llegado a las librerías. Fetichismo, cosificación y negocios. Como si las relaciones fueran posibles en ese mercado ideal que plantean los liberales, un lugar donde se encuentran individuos con intereses complementarios. Y Voilá, y laissez faire mediante, el éxito rotundo de la oferta y la demanda. Quien haya estado en una relación de cualquier tipo sabrá decir que no hay mano invisible que empuje al afortunado que anda buscando al afortunado que lo anda ofreciendo.


Esta histeriofóbica piensa que las relaciones entre hombres y mujeres, deberían ser más sabrosas y complejas, que una simple y normal coincidencia de intereses y circunstancias. Deberían ser intensas, fuertes y energizantes. Como un rico café que se disfruta despacio y por el solo y mero hecho de encontrar, quizás, alguno de los infinitos secretos que encierra su sabor.