jueves, 21 de agosto de 2008

Oído al pasar...

Aula 201. Sede Ramos Mejía de la Facultad de Ciencias Sociales. 21.08 hs. Esperando el comienzo de la clase práctica de un Seminario.

- ¿Viste ayer el informe de La Liga?
- Si, muy bueno… terrible esta mina Natacha Haitt… qué buena que está…
- Seee, para destrozarla…
- Te destroza ella a vos, jaja.
- Jaja si, que bueno tener una mina así… al menos una vez y hacer todo…
- Si, y bueno, décile a tu novia que se haga el flequillito (*) jaja y despertas la fantasía.
- Nooooo, che, es mi novia. No está para eso.
(*) Aclaración: Natacha Haitt usa flequillo.

El diálogo lo mantienen dos chicos que no tienen más de 25 años. Paro la oreja y escucho una conversación a la que no fui invitada. Escribo en mi cuaderno: hay cosas que nunca cambian.
La noche anterior también vi el informe de La Liga. Trataba sobre las fantasías sexuales de los argentinos. Placeres, prejuicios, pudores. La hipótesis: los medios masivos de comunicación se encuentran repletos de imágenes y relatos sexuales. A pesar de la continua exposición, esta no ayudaría a estimular sexualmente la sociedad sino que produce una ausencia de deseo.
El tratamiento de la temática tuvo tantos aciertos como desaciertos. Sin duda La Liga, como otros programas de su estilo, ha conseguido explotar bien una formula ganadora: el zapping entre entrevista intimista, mesas de debate, imágenes impactantes, opiniones de especialistas cool. La edición vertiginosa de todos estos elementos asegura que uno como espectador “se enganche”.
¿Cuál es el gran desacierto? Lo encontramos en este y otros informes. En algún momento de la construcción del relato se derrapa en el lugar común. Es destacable que existe un gran esfuerzo de producción por encontrar personajes límites, espacios novedosos, temáticas marginales, etc. No obstante, de alguna forma u otra, deviene el momento en el que se cuela el lugar común, o bien, la perspectiva más vana, repetida y previsible.
Por allí va la reflexión. Decía al comienzo: hay cosas que nunca cambian. El diálogo que escuchaba entre mis dos compañeros me recordó que en mi pueblo, escuché más de una vez decir a algún hombre que el sexo de verdad se tenía con las amantes. Con la esposa se tenía hijos y se iba a la iglesia.
Nefasto. Pero es un pensamiento que sobrevive. Alguien podría refutarme diciendo que justamente el informe de La Liga y otras exposiciones parecidas demuestran lo contrario. Podría decirse que muestran como se evidencia que nuestra sociedad habla de sexo sin tapujos, que hay muchos temas que dejaron de ser tabú, que hoy nos animamos a experimentar. Existe algo de verdad en esas proposiciones.
El problema está en cómo lo contamos. Si queremos mostrar cierto fenómeno desde una perspectiva novedosa y no remitir las mitificaciones de siempre, entonces un buen comienzo estaría en darles la voz a los personajes menos esperados.
Gran parte de la voz femenina la tomaron, por un lado, Natacha Haitt, rodeada de un grupo de chicas “hot” y una “profesex” rodeada de boluditas.
Tenemos, por un lado, a la personificación del sexo en Natacha que representa muy bien toda una cuestión muy burda de azafata de camión. Natacha estaba rodeada de chicas todas tan finas como canapé de polenta. Dirigidas por la mediática, buscaban representar algo así como “una charla de amigas”. La charla era subidita de tono, con presencia de lo escatológico y con declaraciones “jugadas”.
Por otro lado, la profesex realizaba un monólogo gracioso y genuino sobre sexo a un repertorio de chicas “bien” que se ponían coloradas y reían tontamente.
Lugar común. La zarpada habla desde el conocimiento. Es grosera y exacerbada. La chica común escucha a la profe y se sonroja.
Me pregunto: si el término medio existe, ¿por qué seguimos repitiendo el contraste de putas o santas? Si el mejor lugar para explorar las fantasías es en pareja (matrimonio, noviazgo, significant others), ¿por qué se muestra siempre la visión de los hombres y las mujeres por separado? Es cierto que tenemos necesidades y fantasías distintas pero el Deseo (con d mayúscula) es humano y universal.
La fantasía es una actividad humana natural. Es musa del Arte y la Invención. No es solo patrimonio de las amantes, las prostitutas o las chicas de la tele. No hace falta pedir permiso para fantasear y no hacen falta siliconas para hacer fantasear a un hombre.